Nuestra historía |
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En Galicia, el orígen de la Halterofilia va ligado al nombre de Carlos Labordeta. En 1960, Labordeta introdujo la práctica de los ejercicios de pesas en su gimnasio de la coruñesa calle Galera. Hoy, el pionero recuerda el aire autodidacta de aquellos comienzos: “Empezamos por pura afición y al principio aprendimos los movimientos por revistas y fotos”. En 1962 nació la Federación Gallega de Halterofilia, cuyo primer presidente fue Roberto Ozores, un médico volcado en el deporte, que había sido también máximo dirigente del Celta. Ese mismo año se disputó al aire libre, en la Plaza da Quintana de Santiago, el primer campeonato autonómico de la nueva disciplina. El comienzo de la halterofilia gallega fue brillante. José Luis González Doval, José Benito Cantó y el propio Labordeta lograron títulos a nivel estatal. El período de dominio gallego en la halterofilia española se enmarca entre los años 1962 y 1967. A partir de esa edad de oro, Andalucía tomó el relevo. Entre los gimnasios y clubes pioneros cabe citar, además del mencionado Labordeta, el Inferniño de Ferrol, el Club del Mar de La Coruña, el Club Halterofilia Vigo y el Pabellón de Orense. En la actualidad Galicia está experimentando un nuevo e importante despegue con los excelentes resultados en la joven halterofilia femenina y masculina. |
Historia de nuestro deporte |
Si hubiera que buscar un precedente de la halterofilia, lo hallaríamos en cualquier prueba de demostración de fuerza a través del levantamiento de objetos. En su sentido más general, si se plantea como una competición de poderío físico medido a través del peso, la halterofilia aparece esbozada ya en las más primitivas culturas. Los estudios antropológicos demuestran que en la tribu – primera forma de agrupación social – el liderazgo solía recaer sobre el mejor cazador y guerrero. Las cualidades que adornaban a este líder eran eminentemente físicas y pueden resumirse en tres: velocidad, resistencia y fuerza. Las dos primeras potencias se ponían de manifiesto en el acto de correr. Para evaluar la fuerza se recurría principalmente a la lucha y al levantamiento de pesos variados.3.600 años de Cristo, los emperadores chinos realizaban ejercicios diarios de fuerza y al final de la dinastía Chow (1122-1249 a.C.) las pruebas de halterofilia eran requisito indispensable para acceder al ejército. En la Grecia del siglo VI a.C. se practicaba el levantamiento de enormes piedras, otro precedente de la halterofilia actual. El alzado de pesas se asentó también a través de un cauce menos noble: el tráfico de esclavos. Cuando querían calibrar la “mercancia” sin dañarla en un combate, los griegos clásicos y los corredores de gladiadores de la Roma imperial recurrían a un tosco precedente de las modernas pruebas de halterofilia. A partir del siglo XVI, la fuerza se convirtió en un espectáculo circense. De todas maneras, los científicos también se ocuparon del tema: así, el físico Galén realiza comentarios en sus escritos sobre los ejercicios con halteras.A partir de la segunda mitad del siglo XIX es cuando el levantamiento de pesas recobra su dignidad y se dota de un carácter deportivo. En esta época, las competiciones físicas comenzaron a adoptar una reglamentación que permite por vez primera hablar de deporte en el sentido actual del término. La halterofilia no fue una excepción en esa corriente fini-secular. Los orígenes documentados del levantamiento de pesas radican en Centroeuropa. El primer gimnasio-escuela especializado de modo coherente en el levantamiento de pesas apareció en Viena, en 1884, bajo la dirección de Wilhelm Türk, quien se había distinguido como el mejor halterófilo de la capital austríaca. Ochenta años antes del nacimiento del centro de Türk, su compatriota Alfred Palavicini había entrado en los anales con un levantamiento de 100 kilos en dos tiempos. El prestigio de Palavicini y Türk confirma que el levantamiento de pesas generaba ya múltiples campeonatos y movilizaba a una nutrida afición.El primer campeonato de Europa de halterofilia se disputó en Rotterdam, en el mes de marzo de 1896. En el mismo año se celebraron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna, en los que estuvo presente el deporte de la barra y las pesas. Dos años después del debú olímpico, Viena, cuna de la halterofilia actual, acogió los primeros campeonatos mundiales. A pesar de contar desde el primer momento con reconocimiento olímpìco y alto número de competidores, el esfuerzo de los halterófilos se diluyó bastante por la carencia de una organización directiva. En algunos países, la halterofilia creció vinculada burocráticamente a modalidades a las que sólo servía de soporte, caso de la lucha libre o la gimnasia. De hecho, hasta 1920 no se creó la Federación Internacional de Halterofilia. Antes de ese año, el nuevo deporte dependía de la Federación Internacional de Lucha, organismo que no le prestaba excesiva atención. En la actualidad, la Federación Internacional de Halterofilia (IWF) agrupa a más de 200 organizaciones nacionales, lo que convierte al órgano rector supranacional en uno de los seis mayores en el mundo del deporte. Mucho más breve es la historia de la halterofilia femenina. Las mujeres se incorporaron a esta modalidad muy tarde, sólo a partir del congreso que mantuvo la IWF en 1984. El primer mundial femenino data de 1987. La competición tradicional de halterofilia incluía tres ejercicios puntuables: la arrancada, el dos tiempos y el movimiento de fuerza. A partir de la Olimpiada de Munich, en 1972, se simplificó la competición suprimiendo el ejercicio de fuerza. La historia de la halterofilia universal está plagada de nombres míticos. El francés Louis Uni, apodado “Apolo”, un titán de 1,90 de estatura y 127 kilos de peso, fue el primero en lograr levantar un eje de ferrocarril; proeza que igualó el campeón olímpico norteamericano John Davis. El primer hombre que izó en competición oficial más de 250 kilos de peso fue el ruso Vasili Alexeiev. En total olímpico, sus compatriotas Yuri Vlasov y Leonid Zhabotinski superaron los 500 kilos en tres movimientos. Uno de los últimos grandes asombros en este deporte se llama Naim Suleymanoglu, un búlgaro nacionalizado turco, que con sólo 60 kilos de peso fue capaz de levantar 190 kilos.En España, la halterofilia estuvo englobada en la Federación de Gimnasia desde 1950 a 1966, hasta que en 1966 se independizó. El más destacado de los históricos españoles fue Lejeune, que llegó a ser plusmarquista mundial en levantamiento con un sólo brazo. Otros nombres que han perdurado son los de Armendáriz, Ortiz de la Torre, Aleix y Gordillo. |